Testimonio P. Carlos Alberto

Pienso que el Señor se valió de tres acontecimientos, para mostrarme el proyecto que Él había preparado para mi desde toda la eternidad.

Soy el P. Carlos Jiménez. Tengo 32 años. Nací en Palermo-Huila (Colombia) en el seno de una familia católica. Conformada por diez hijos. Desde niño siempre tuve dos sueños. Por una parte, deseaba triunfar económicamente, deseaba ser un hombre de dinero. Por otra, deseaba tener una familia con muchos hijos. Y hacia estas dos metas orienté mi vida, sin embargo, pienso que el Señor se valió de tres acontecimientos, para mostrarme el proyecto que Él había preparado para mi desde toda la eternidad.

1.     A inicios del año 2009, mi madre me regaló una imagen de Santa Teresita del Niño Jesús y recuerdo que, en el dorso de la imagen, había una oración para pedir vocaciones misioneras para la Iglesia, gracias a ello empecé a rezar más.

2.     A mediados del 2019, la esposa de mi hermano fue al doctor para un control rutinario, ya que esperaba a su tercer hijo. Tras el chequeo rutinario, el médico le dijo que tenía que abortar, porque el bebé que estaba en su vientre tenía múltiples malformaciones, frente a esta noticia, mi hermano y mi cuñada, con la ayuda de Dios, decidieron no abortar, y empezaron a hacer mucha oración, a asistir con frecuencia a la Eucaristía, y a frecuentar los sacramentos. Esta situación dolorosa, también envolvió a toda mi familia, por lo que empezamos a rezar el rosario en familia y a confesarnos con más frecuencia. Ahora en la actualidad, y después de 12 años, doy una mirada hacia aquellos días, y doy gracias a Dios, porque todo ello nos acercó a Dios y mi sobrina se curó.

3.     Recuerdo que, a inicios del año 2010, una de mis sobrinas, me sorprendió diciéndome: ¿tío te gustaría ser Sacerdote? Yo naturalmente le he dicho que no. Pasaron algunos días y un amigo, que había sido seminarista, me insistió con la misma idea. Pero como la idea de ser Sacerdote “no me quitaba el sueño”, la deje pasar. Mientras tanto, una de mis hermanas que conocía las dos propuestas, me dijo: «si Dios quiere que tú tomes ese camino otra oportunidad saldrá».

Tal oportunidad llegó el 20 febrero del 2010, día en que me invitaron a un retiro, participé con mucho entusiasmo; me confesé y al terminar la confesión, el sacerdote me preguntó: - ¿te gustaría ser sacerdote?  Y yo, le dije que sí.

"Antes que Yo te formara en el seno materno, te conocí, Y antes que nacieras, te consagré" (Jr 1,5).

Mientras los misioneros hablaban de su trabajo en el Perú, recordaba las palabras del profeta Isaías………….   ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí: Heme aquí; envíame a mí (Isaías 6, 8)

A raíz de mi respuesta, el Padre me invitó a otro retiro, predicado por unos misioneros que venían de Perú. Acompañé al Padre para recogerlos en el Aeropuerto, cuando los vi me impactó su alegría y jovialidad.

Recuerdo que los Padres presentaron la labor de los “Misioneros Siervos de los Pobres” y al terminar uno de los dos padres, preguntó en tono de broma: ¿Quién quiere ir con nosotros a Perú? Y, sin muchas complicaciones, le dije: - yo. Ahora que han pasado 11 años desde ese día, puedo decir que, si ese sacerdote no hubiera hecho esa broma, no estaría contándoles mi historia vocacional.

La noticia de mi partida para el Perú fue una sorpresa para mi familia, pues conocían mis anteriores sueños; no obstante, me apoyaron y a los quince días, viajé a Perú.

En Perú estuve trabajando un año y medio. Y fue una experiencia que me enriqueció humana y espiritualmente. Sin embargo, también hubo momentos difíciles. Recuerdo que después de una semana de trabajo misionero, quería devolverme a mi país; no obstante, me decía a mí mismo:  -Carlos, Dios te necesita, para ayudar a muchos pobres, ¿cómo le vas a decir que no, después de haber dado tu sí? Después de esta bonita experiencia en los Andes peruanos; ingresé en el año 2011 a nuestra Casa de Formación y allí pasé seis hermosos años de mi vida, en donde aprendí muchas cosas. En el 2017 terminé mis estudios y ese mismo año hice mi Profesión Perpetua Al año siguiente fui ordenado diácono y el 18 de agosto de 2019 fui ordenado Presbítero.

En la actualidad, se me ha encomendado la Formación y el Seguimiento de los jóvenes del “Centro Vocacional” que están discerniendo la llamada de Dios. Me encomiendo a sus oraciones.

“No lo pensé dos veces”